
No me resulta nada fácil hablar de Joan Barés únicamente como artiste entre otras cosas por que tuve la suerte de contar con su amistad y a la hora de recordarlo se mezclan toda clase de emociones que hacen difícil separar la persona de su obra. No es como otras veces donde cada cual elucubra sobre la personalidad del pintor a partir de sus cuadros, en este caso pasa todo lo contrario.
Joan tenía una personalidad muy definida, empática y muy ligada, a mi parecer a su tierra, con un carácter bromista y alegre como buen valenciano, con una sencillez irónica que rallaba con la «socarroneria» del buen carletino y con el explosivo genio del buen artista inconformista.
Inquieto por naturaleza, bebió en todas las fuentes del arte que iban formando poco a poco su manera de ser. Lo he visto en su estudio, pincel en mano, abstraído y rodeado por la música de los clásicos, lo he visto haciendo una caricatura en un papel de circunstancias y reír a carcajadas mientras la figura tomaba forma, lo he visto hacer hablar a la bandurria y conversar con un órgano ceremonial. También lo he visto en silencio… observando.
De su obra pictórica, hay que destacar su faceta como retratista donde intenta (como los grandes maestros) plasmar la personalidad de sus modelos haciendo buena la frase de Anatole France cuando afirmaba que un buen retrato es una biografía pintada. Joan fue un buen biógrafo en este sentido y la obra sacra, que dio a las parroquias de Carlet, así lo atestigua.
Dejó su huella en barro, en madera, en lienzo y en papel y su “personalidad en el aire”, donde los que lo conocimos todavía lo veamos en el sonido de una guitarra o de una bandurria, tratando de perfeccionar su obra inacabada. Para mí no resulta nada fácil hablar de Joan Barés, todavía me duele su ausencia.
Salvador Tapia Alcover
President de la Fundació Caixa Carlet










